La pandemia y la necesidad de adaptarnos a las nuevas tendencias
Mientras en el hemisferio occidental nos preparábamos para recibir el 2020, primer año de la nueva década, en Asia se abría camino un brote de “neumonía” de causa desconocida, focalizado en la ciudad de Wuhan, en China. A continuación, se dieron varios acontecimientos que nos conducirían a un nuevo estadio:
Enero 09: se informa oficialmente que el brote en China es producido por un nuevo coronavirus
Enero 13: se confirma en laboratorio el primer caso importado en Tailandia.
Enero 21: Estados Unidos de Norteamérica reporta el primer caso en su territorio.
Enero 24: Francia confirma tres casos de infección.
Enero 25: Australia reporta su primer caso.
Enero 29: Emiratos Árabes Unidos informa de los primeros casos en el Mediterráneo Oriental.
Febrero 25: Argelia informa su primer caso de contagio.
Y así, el hoy conocido y plurinombrado Covid-19, o el SARS-CoV-2, tuvo presencia en los cinco continentes en menos de dos meses. A continuación, el 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) al declarar la pandemia a nivel mundial, alertó sobre el impacto y la dimensión del virus: era la primera vez que un coronavirus generaba la propagación mundial de una nueva enfermedad.
Como era natural, la respuesta de las administraciones nacionales no se hizo esperar: la declaratoria de emergencia sanitaria se decretó como medida principal en numerosos países. En Colombia, tal estado fue decretado el 12 de marzo, y fue extendido hasta el 30 de noviembre.
Ahora bien, indistintamente del lugar o de la rápida adopción o duración de las medidas iniciales de la emergencia sanitaria, entre ellas, se implantó el denominado Aislamiento Preventivo Obligatorio, el que para Colombia inició el 25 de marzo. En otras palabras, se ordenó un régimen estricto de clausura o encierro al interior de los hogares o lugar en donde se encontrara la persona en aquel momento, ya que no sería posible desplazarse y retornar a los lugares de residencia u origen, o trasladarse al lugar de trabajo: las naciones se “pararon”, así como su economía –salvo algunas y muy puntuales excepciones, en el marco de la primera necesidad o situaciones humanitarias-.
Con este escenario de contexto, se dibujó un entorno de transición: era necesario reescribir el libreto de las dinámicas socioeconómicas y socioculturales, ya que nada ni nadie podría eludir el impacto y los efectos de las medidas adoptadas por las administraciones, indistintamente de su nivel.
Así, la transición planteó cuestionamientos como: “y ahora, ¿qué vamos a hacer?” O, un reflexivo “¿qué podemos hacer?”. Luego de momentos de temor, duda e incertidumbre, seguramente empezaron a aflorar ideas novedosas, o consideraciones respecto de las posibilidades del momento. Lo cierto es que sólo algunos sectores económicos pudieron continuar operando en el marco de restricciones significativas, impuestas tanto por sus gobiernos, así como por las posibilidades operativas y una limitada, o fluctuante demanda del mercado.
Pasados los días, las semanas y los meses, los países paulatinamente fueron flexibilizando sus medidas, y con ello, múltiples sectores se fueron reincorporando a la arena económica y, hoy día, son pocos los actores que no han podido retomar, así sea parcialmente, sus actividades. Así, y en el caso de Colombia, la reapertura es bastante amplia, y en medio de solo algunas limitaciones y la insistencia en el autocuidado: desde el primero de septiembre, impera el denominado Aislamiento Selectivo con Responsabilidad Individual, el que no se rige de cara a la excepcionalidad en la actividad, sino respecto de la existencia de restricciones puntuales. En este orden de ideas, sólo se encuentran restringidas en el país las actividades, tanto públicas como privadas, que impliquen aglomeraciones, así como el funcionamiento de bares –para el consumo de alcohol como primera actividad-, discotecas y otros sitios de baile.
En el medio de toda la situación, subyacen las proyecciones económicas para el año 2020: para junio, el Banco Mundial (BM) calculó la contracción del PIB global en un 5.2%, mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI), proyectó dicha reducción en un 4.9%. Para el caso de las economías de América Latina y el Caribe, dichas entidades proyectaron una disminución del PIB regional del 7.2% y del 9.4%, respectivamente.
En el caso de Colombia, y para final de septiembre, el FMI proyectó la contracción de la economía para 2020 en un 8.2%, dada la caída del Producto Interno Bruto (PIB) del país para el segundo trimestre en un 15.5%, con relación el mismo período de 2019.
Ninguno de estos indicadores es prometedor, y, por el contrario, reafirman el temor de una posible recesión económica a nivel global, y en una dimensión desconocida. En realidad, poco tendría que ver con la crisis económica del 2008, la que puntualmente obedeció a un desequilibrio financiero, dados unos altísimos niveles de endeudamiento que se tornaron insostenibles, y a una baja calidad de los créditos. Esto, desenlazó una falta de credibilidad y/o desconfianza entre las entidades bancarias, y así se derivó en una falla “sistémica”. Actualmente, existe un mejor apalancamiento del sistema bancario, y en general, el nivel de endeudamiento es inferior, y las deudas se encuentran mejor soportadas y respaldadas.
Sin embargo, la crisis que nos embarga actualmente tiene origen en un virus que amenaza la vida, por lo que sus impactos han sido generalizados, y prácticamente en todos los niveles sociales. Así, y dadas las medidas de contención, además de los ciclos de apertura y cierre del comercio y el aparato productivo en función al rebrote del virus, se podría entender que las economías estarán sujetas a un circuito de crisis de oferta y de demanda. Esto significaría una emergencia oscilante e incluso itinerante, de posibles momentos de desabastecimiento o sobreabastecimiento, precisándose la profundización y sofisticación de nuevos mecanismos de intercambio, como aquellos que ha venido integrando el comercio electrónico.
Adicionalmente, el desempleo es rampante: en Colombia, para julio alcanzó el 20.2%, y para agosto fue del 16.8%, según lo informó el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Sin embargo, estas cifras distan de la realidad percibida, ya que se evidencia un cierre de establecimientos de comercio y empresas preocupante, con el natural efecto de la destrucción de empleos y el creciente aumento del consabido “rebusque”, el que se suma a una informalidad ascendente, y con poca demanda. Esto, sólo empezará a solucionarse cuando los picos de contagio se reduzcan o prolonguen significativamente, y se dé el resurgimiento o reconstrucción de un tejido productivo, que permita disminuir efectivamente los niveles de desempleo.
Dicho esto, y sólo hasta ese momento, donde los ciclos económicos se decanten y acompasen, y el público en general sienta que hay una creciente estabilidad, donde se está generando trabajo formal y su fuente de ingreso no se encuentra en riesgo, se comenzará a consolidar una “nueva normalidad”. Este escenario se cimentará en valores renovados o novedosos, debidos a la natural evolución del trance que vivimos: el mercado no será el mismo, ni sus actores tendrán la misma valoración o papel del pasado.
Es aquí en donde entran a jugar un papel trascendental las decisiones que se empiezan a tomar desde este momento, y para las que es fundamental identificar tendencias: si bien ellas no podrán mostrar el camino definitivo para evitar la progresión de la crisis o impedir una eventual recesión, sí sirven de guía para comenzar a escribir el libreto futuro de la economía, el que no se compondrá en unos pocos meses.
Dicho todo lo anterior, y en medio de éste contexto de incertidumbre, queremos invitarte a que nos acompañes en próximas entregas en las que descubrirás las nuevas tendencias, que hacen parte de la evolución en la economía mundial. De igual modo, te invitamos a comentar esta y próximas publicaciones, así como a participar en nuestras redes sociales: raca_mandaka en Instagram, racamandaKa en Facebook , Racamandaka en Youtube y raca_mandaKa en LinkedIn.
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